Domingo 23º del Tiempo Ordinario

El Evangelio de este domingo nos enseña el “orden del amor”: a Dios se le ama por encima de todo y, desde ese primer amor, se ama mejor a los demás (cuando Jesús dice “odiar” habla en lenguaje semita: “amar menos” que a Él). Así, “cargar con la cruz” es elegir el bien cada día, aunque cueste: fidelidad en el matrimonio, honradez en el trabajo, paciencia en la familia, misericordia con el débil. Las dos imágenes —el constructor y el rey— llaman a la prudencia cristiana: pensar, discernir, pedir consejo y contar con la gracia antes de decidir, para no empezar obras morales que luego abandonamos. “Renunciar a todos los bienes” no es despreciarlos, sino usarlos rectamente, libres de ídolos que nos esclavizan, practicando justicia y caridad. Con la conciencia iluminada por la Palabra, fortalecida por la Eucaristía y la Reconciliación, el seguimiento de Jesús deja de ser un impulso pasajero y se vuelve un estilo de vida coherente, alegre y fecundo.