Ascensión del Señor

En este Evangelio, Jesús, antes de subir al cielo, recuerda a sus discípulos que todo lo ocurrido —su pasión, muerte y resurrección— era parte del plan de Dios para salvarnos. Pero no termina ahí: les encomienda una misión y les promete la fuerza del Espíritu Santo. La Ascensión no es una despedida triste, sino el comienzo de una nueva etapa: Jesús regresa al Padre, pero permanece con nosotros de otra manera, y nos envía a anunciar su amor a todos. Como Iglesia, y cada uno como bautizado, estamos llamados a ser testigos alegres de su Resurrección, viviendo con esperanza y compartiendo con otros la alegría de sabernos amados por Dios.