La Sagrada Familia no vive un cuento de hadas, sino una historia llena de sobresaltos muy parecida a la de tantas familias de hoy: de noche, a toda prisa, tienen que huir a Egipto para salvar la vida del Niño; más tarde, volver, cambiar de planes, instalarse en un lugar nuevo… En medio de todo, José escucha a Dios y se pone en camino, María confía y custodia al Niño, y Jesús comparte desde pequeño la inseguridad, el miedo y la precariedad de los que se ven obligados a emigrar. Este Evangelio nos recuerda que la familia cristiana no es perfecta ni está libre de problemas, pero está llamada a hacer una cosa muy concreta: cuidar la vida que Dios le confía, permanecer unida en las dificultades y buscar, en cada decisión, lo que más protege y acompaña a los más débiles. Contemplar hoy a la Sagrada Familia nos invita a tomar en serio nuestras responsabilidades, a abrir el corazón a las familias que sufren —especialmente a las que tienen que abandonar su tierra— y a pedir al Señor la gracia de escucharle como José, de confiar como María y de hacer de nuestro hogar un lugar donde toda vida sea acogida, defendida y amada.
Fiesta de la Sagrada Familia

