I Domingo de Adviento, A

El evangelio de este primer domingo de Adviento nos invita a tomarnos en serio nuestra vida, no con miedo, sino con responsabilidad y esperanza. Jesús recuerda que, en tiempos de Noé, la gente vivía “como si nada”: comían, bebían, se casaban… pero sin dejar espacio a Dios, hasta que el diluvio los sorprendió. Hoy puede pasarnos lo mismo: estamos llenos de prisas, móviles, trabajo, planes, pero el corazón distraído, sin tiempo para amar, perdonar o rezar. “Velar” significa vivir despiertos, sabiendo que cada gesto, cada elección, cada día cuenta y nos prepara para el encuentro definitivo con el Señor. Adviento es un tiempo para preguntarnos con sinceridad: ¿a qué me estoy acostumbrando que me adormece por dentro? ¿Qué necesito cambiar, reconciliar, ordenar? El Señor no quiere asustarnos, sino despertarnos: viene a nuestro encuentro para darnos una vida más plena y libre, si le abrimos la puerta ahora, en lo concreto de cada día.