VI Domingo de Pascua, A

En el evangelio del 6º domingo de Pascua, Jesús nos dice: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”, y con estas palabras nos muestra que la vida cristiana no se apoya en un cumplimiento frío o exterior, sino en una relación viva de amor con Él. Los mandamientos no son una carga que nos quita libertad, sino un camino que orienta el corazón hacia el bien verdadero y nos enseña a amar según Dios. La Iglesia ha reconocido siempre que seguir a Cristo implica dejarse formar por su Palabra, por la gracia y por la enseñanza recibida de los apóstoles, de modo que nuestras decisiones no nazcan solo del gusto personal o de lo que el mundo aprueba, sino de la verdad que conduce a la vida. Jesús sabe que somos frágiles y por eso promete el Espíritu Santo, que acompaña a los creyentes, ilumina la conciencia y fortalece el corazón para permanecer fieles. No estamos solos ni abandonados: Cristo resucitado sigue presente en su Iglesia y en quienes lo aman. Este evangelio nos invita a revisar nuestra vida con humildad y esperanza, preguntándonos si nuestras obras expresan de verdad el amor que decimos tener a Jesús. Porque amar al Señor es dejar que Él ordene nuestros afectos, purifique nuestras intenciones y convierta nuestra conducta en un testimonio sencillo y luminoso de su presencia en el mundo.