En este Domingo del Buen Pastor, Jesús se presenta como la puerta por la que se entra en la vida verdadera, en la seguridad y en la libertad que solo Dios puede dar. No viene a empujar ni a dominar, sino a guiarnos con una voz que conoce nuestro corazón y busca nuestro bien. Frente a tantos caminos que prometen mucho y vacían por dentro, Cristo no engaña: Él conduce hacia la vida abundante, esa que no se mide por tener más, sino por vivir con más verdad, más paz y más amor. Este Evangelio nos recuerda que seguir a Jesús no es perder libertad, sino encontrar el rumbo; no es vivir encerrados en normas frías, sino aprender a caminar confiados, sabiéndonos cuidados. Y también nos invita a parecernos a Él en la vida diaria: no cerrar puertas, no herir, no aprovecharse del débil, no vivir de espaldas al que necesita ayuda, sino ser presencia buena para los demás. Porque quien escucha de verdad la voz del Buen Pastor acaba aprendiendo también a cuidar, a servir y a acompañar. En un mundo con tanto ruido, tanta prisa y tanta confusión, Jesús sigue repitiéndonos con ternura que en Él hay entrada, hogar y vida en plenitud.
IV Domingo de Pascua, Domingo del Buen Pastor

