El Evangelio del Domingo XXI del Tiempo Ordinario, nos presenta a Jesús hablando de la “puerta estrecha”. Con esta imagen, el Señor nos recuerda que entrar en el Reino de Dios no es cuestión de títulos, apariencias religiosas o costumbres externas, sino de una relación viva con Él que transforma nuestra vida concreta. No basta con “haberlo escuchado de lejos” o “haber estado cerca de su mesa”: lo que abre la puerta es vivir el amor de Dios en lo cotidiano, con humildad, justicia, misericordia, fidelidad. La puerta es estrecha porque requiere decisión, esfuerzo y coherencia, pero no es inaccesible: está abierta para todos, sin distinción, siempre que respondamos con un corazón sincero. Al final, dice Jesús, habrá sorpresas: los últimos serán los primeros y los primeros, los últimos. Es una invitación a revisar nuestro modo de vivir la fe, para que no sea solo algo cultural o superficial, sino un camino real de conversión y de amor.
Domingo 21º del Tiempo Ordinario

