Domingo 14º del Tiempo Ordinario

En el Evangelio de hoy vemos cómo Jesús vuelve a su tierra y, en lugar de ser recibido con alegría, es rechazado por los suyos. Les cuesta creer que alguien tan cercano a ellos, que conocen desde pequeño, pueda ser el Mesías. Esto nos muestra que a veces nosotros también cerramos el corazón a Dios porque esperamos que se manifieste de formas extraordinarias, y no reconocemos su presencia en lo cotidiano: en la familia, en los pobres, en la Eucaristía de cada domingo. La fe verdadera requiere humildad y apertura para dejarnos sorprender por Dios, incluso cuando se presenta en lo sencillo. Que no se repita en nosotros aquello que dice el Evangelio: “se admiraba de su falta de fe”. Abramos el corazón para que el Señor pueda obrar en nuestra vida