En este Evangelio, Jesús hace una pregunta decisiva: “¿Quién decís que soy yo?”. No busca una respuesta teórica, sino una confesión de fe. Pedro, iluminado por el Padre, proclama: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Esta confesión no nace de ideas humanas, sino de una revelación divina, y Jesús la acoge con alegría, dándole a Pedro una misión única: ser la piedra sobre la que se edificará su Iglesia. Aquí vemos el origen del ministerio del Papa, sucesor de Pedro, como signo visible de unidad y custodio de la fe. También se nos recuerda que la fe auténtica no es solo repetir lo que otros dicen, sino reconocer personalmente quién es Jesús en nuestra vida. Esta fe nos transforma y nos compromete a vivir con fidelidad en la Iglesia, sabiendo que, a pesar de las dificultades, el mal no prevalecerá sobre ella.
San Pedro y San Pablo, apóstoles. Solemnidad

