Domingo de Ramos

Este Domingo de Ramos iniciamos la Semana Santa con un contraste muy fuerte: comenzamos con aclamaciones y palmas, como el pueblo que recibió a Jesús con alegría, pero pronto nos adentramos en la lectura de su Pasión. En el relato según san Lucas, lo que más llama la atención es la mansedumbre de Jesús. No responde con violencia a las agresiones, no se defiende con gritos ni se queja. Incluso en medio del dolor, sigue amando, perdonando y confiando en el Padre. Su entrega no es un accidente ni una derrota: es una decisión de amor hasta el extremo. Esta actitud nos interpela en lo más profundo: ¿cómo respondemos nosotros al mal, a la injusticia, al sufrimiento?

Este Evangelio nos enseña que el verdadero amor cristiano no se limita a los momentos fáciles. Jesús nos muestra que amar es elegir el bien del otro incluso cuando cuesta, incluso cuando implica sacrificio. La cruz no es solo un símbolo de dolor, sino de fidelidad. En la Pasión descubrimos que vivir según el Evangelio implica renunciar al egoísmo, perdonar a quienes nos ofenden y confiar en Dios más allá de nuestras fuerzas. No se trata de cumplir normas por obligación, sino de aprender a amar como Él, con libertad, generosidad y entrega. La Semana Santa es un tiempo precioso para volver a mirar a Cristo crucificado… y dejar que nos transforme por dentro, que nos transforme para llegar a la Pascua.